La Gran Novela Americana

Francisco Goldman, Martin Amis y Eduardo Lago hablan sobre los gringos.

Realmente parecía imposible, pero sucedió. La mesa redonda sobre literatura norteamericana en la Carpa de la Casa del Lago, donde participaron Martin Amis, Francisco Goldman y Eduardo Lago, logró tocar todos los aspectos posibles sobre la literatura norteamericana, desde Mark Twain y el Moby Dick de Melville hasta David Foster Wallace y Junot Díaz. Confieso que aun sigo mareado. ¿Cómo lo lograron?

Es imposible resumir una conferencia tan llena de ideas, de nombres y títulos de libros. Así que dejaré algunos ítems sueltos, solo para que paladeen lo que fue la mesa y se queden con el gusto en los labios y vengan al Hay Festival Xalapa del próximo año para no perderse nada.

Nabokov y Bellow.- Para Martin Amis, Nabokov y Saul Bellow, ambos nacidos en San Petersburgo coincidentemente, son los pilares de la narrativa norteamericana actual. Uno se comportaba como el gran Mandarín literario, el escritor protagonista, que llenaba de héroes sus novelas. Y el otro, por el contrario, era un escritor con dudas, un autor de la desconfianza, con antihéroes y personajes llenos de complejos. Obviamente, ni a Nabokov le gustaba lo que escribía Bellow ni a Bellow lo que escribía Nabokov.

Las mujeres y la Gran Novela Americana.- Para Francisco Goldman, una diferencia radical en la literatura de EEUU es la distinción entre las mujeres y los hombres escritores. En los hombres, el peso de escribir “la gran novela norteamericana” es muy grande, mientras que para las mujeres la escritura es un acto de pasión, una fuerza interior, sin ningún condicionamiento ni expectativa previa. Amis estuvo de acuerdo con que las escritoras mujeres tienen una fuerza especial, poderosa, en sus libros. Eduardo Lagos preguntó por qué una mujer no podría tener también la ambición de escribir La Gran Novela Americana. No tuvo respuesta.

Una palabra.- Una espectadora les pidió a los expositores que definieran en una palabra la literatura norteamericana. Goldman se excusó de la responsabilidad. Lagos dijo “democrática”. Amis acertó aun más, creo, al llamarla “híbrida”.

Literatura afroamericana.- Se tocó el caso de Toni Morrison y la literatura marginal, la literatura afroamericana en concreto. Hubo palabras de gran admiración y elogio a ella, aunque se dijo que su literatura se hacía fuera de los cánones de la literatura norteamericana. Era una literatura de resistencia, como la de James Baldwin, el autor afroamericano mejor considerado por Martín Amis.

Otras marginalidades.- Desde luego, Francisco Goldman habló de otras literaturas de periferias en norteamérica, concretamente las llamadas post-coloniales o post-nacionales, donde se puede incluir él mismo junto a otros como Sandra Cisneros o Junot Díaz. Pero no son los autores de ascendencia centroamericana nacidos en EEUU los únicos que se sienten en la periferia, sino también los autores chicanos, los autores de Texas o Arizona. Goldman recalcó el hecho de que, aunque son autores conocidos por una minoría, esa minoría es suficientemente grande como para darle importancia y trascendencia a esa literatura.

Literatura experimental.- Ante la pregunta del público por William Gaddis, Eduardo Lago se despachó sobre las tendencias generales de la literatura norteamericana: la conservadora y la experimental. La primera tiene a Jonathan Franzen como su principal exponente. La segunda, que tiene a Gaddis como precursor, tiene a Thomas Pynchon como exponente central y a David Foster Wallace como el último apóstol. La apuesta por Lago es por la experimentación. La literatura conservadora, las novelas escritas linealmente, dice, están condenadas a perecer (aunque con las ventas de Freedom, quizá eso no le preocupa ahora mismo a Franzen, digo yo).

John Updike.- Le dieron con palo. Un escritor malísimo para todos los de la mesa. Pasemos a otro tema.

¿Y México qué?.- Nunca falta el toque patriotero, el comentario chauvinista de un oyente, que es además siempre la intervención más aplaudida. En el país que sea, siempre saltará alguien a decir: “¿y mi país qué?” Una señora cogió el micro para reclamar que en la mesa se llame Literatura Americana solo a los escritores norteamericanos. “¿Y México qué?” dijo entre aplausos. “Nosotros también somos americanos; América se extiende desde Canadá hasta Argentina, basta de llamar americanos solo a los estadounidenses” concluyó. Eduardo Lagos dijo que no debía sentirse ofendida, pues solo habían usado la palabra como una etiqueta, sin ninguna intención ideológica. Francisco Goldman se defendió declarando que habían muchos escritores norteamericanos, como él mismo, que escribían sobre Centroamérica, así que no se podía extender ese reclamo a todos. Martin Amis bebía imaginariamente un martini. Y yo replico que, duela a quien le duela, los estadounidenses tienen tanto derecho como los mexicanos o los argentinos, o quien sea de este Continente, de llamarse a sí mismos “americanos” pues lo son, por simple ley de metonimia. Si eso ofende a alguien, pues que empiece a llamar americano a quien quiera, del país americano que sea, pues es solo un adjetivo y no significa nada en sí mismo.

Cuatro años.- Martin Amis está de acuerdo con que deben pasar cuatro años, en promedio, para que un suceso histórico importante pueda ser digerido, comprendido y luego descrito por un autor. Ese es el tiempo que se demoraron en aparecer las buenas novelas sobre el 11-S, dijo, aunque la tentación era escribirla desde el 12 mismo. Habrá que esperar que la crisis económica se calme y empezar a contar cuatro años antes de que aparezcan buenos libros con respecto a ese tema, si es que aparecen, concluyó.

Fíjate que siempre no.- El moderados lanzó una aseveración: Catch22 es la gran novela americana, la que se leerá de aquí a 200 años de manera indiscutible. Lagos hizo mutis. Goldman dijo que cuando estaba en la universidad, con unos amigos escribieron una versión juvenil de esa novela pues la admiraban mucho, pero que ahora no le parece una buena novela. Martin Amis dijo que era ilegible. Es decir, “fíjate que siempre no”, como dicen aquí en México.

La Gran Novela Americana.- ¿Y la Gran Novela Americana dónde está? Meridiano de sangre, Los desnudos y los muertos, A sangre fría, Pastoral americana, las novelas de Faulkner o las del macho Hemingway, ¿alguna de esas es? Al parecer, es un saldo pendiente aún. O quizá es solo una utopía. En un país de literatura híbrida, como lo calificó Amis, la gran novela americana deberá ser un híbrido de todas las novelas que se escriben y se han escrito actualmente en Estados Unidos. La Gran Novela Americana en realidad, de existir, sería una cosa tan monstruosa que no significaría nada real ni artístico. Sería solo un objeto decorativo, un monumento a algo. Una cosa.